¿Qué nos dice la superficie de Marte?

En el Instituto Pirenaico de Ecología se realizan numerosos estudios que atañen a la Geología de la Tierra. Ayer martes 29 de noviembre, no obstante, investigadores y tecnólogos del centro han “viajado” hasta Marte para introducirse en las peculiaridades de su superficie y clima. El planeta rojo ha protagonizado una nueva sesión de las Charlas del IPE de manos de Ángel García Arnay, investigador JAE-Intro especializado en Geomorfología marciana, que ha recalado en el instituto estos dos últimos meses para proseguir con su preparación en esta disciplina. García Arnay ha trabajado con la caracterización de sedimentos de un lago terrestre de clima templado por sus posibles analogías en el estudio futuro de paleolagos en Marte¿Qué podemos saber investigando la superficie de Marte?, fue la pregunta a la que respondió la charla “Marte: evolución del clima y habitabilidad“.

Conocemos, por ejemplo, que en el período inicial de su historia Marte presentó un clima cálido y húmedo, con ríos, lagos, mares e, incluso, un gran océano. Un escenario adecuado para el desarrollo de la vida tal y como la conocemos. Sin embargo, hubo un abrupto cambio climático en la transición entre los períodos marcianos Noéico y Hespérico (hace unos 3.700 millones de años) que configuró el planeta que conocemos hoy en día, caracterizado por un clima frío y seco. La hipótesis más extendida afirma que el enfriamiento del núcleo conllevó, por un lado, una menor actividad volcánica y, por otro, el cese del campo magnético. El descenso de la actividad volcánica supuso una menor emisión de gases de efecto invernadero, con el consiguiente enfriamiento, mientras que la desaparición del campo magnético desprotegió al planeta de su escudo protector frente a las partículas cargadas del viento solar. Esto favoreció que el viento solar “erosionara” la atmósfera dando lugar a una pérdida constante de gases al Espacio, que no eran renovados debido a la baja actividad de los volcanes como resultado del enfriamiento del interior del planeta. La combinación de estos dos factores supuso, por tanto, el enfriamiento global y el adelgazamiento atmosférico. En este escenario, el agua dejó de ser estable en la superficie por la baja presión atmosférica, lo que hizo que Marte dejara de tener unas condiciones idóneas para albergar vida, al menos en su superficie.

Además de este gran cambio climático, la gran variación en la inclinación de su eje de rotación (oblicuidad) debido a la ausencia de una gran luna que estabilice su eje (a diferencia de la Tierra) ha supuesto la sucesión cíclica de drásticos cambios climáticos a lo largo de su historia. La oblicuidad terrestre tiene un rango de solo 4° (entre 21.5° y 24.5°). Sin embargo, este rango es mucho más amplio en el caso de Marte, con valores máximos de oblicuidad estimados de hasta 60°.

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La cronoestratigrafía marciana –la cronología de las diferentes unidades rocosas‒ se ha basado en el principio de que cuanto más antigua es una superficie planetaria, mayor es su densidad de cráteres. De hecho, Marte se divide en dos sectores bien diferenciados: las Tierras Altas, situadas en el hemisferio sur, densamente craterizadas y, por consiguiente, más antiguas; y las Tierras Bajas, que dominan el hemisferio norte, con una baja densidad de cráteres y, por tanto, más recientes. Estudiando la topografía y las imágenes de la superficie enviadas por los satélites en órbita alrededor del planeta, se han podido realizar numerosos estudios como, por ejemplo, reconstrucciones paleogeográficas de los paisajes del pasado, desde cuencas fluviales hasta definir los límites de antiguos mares y océanos.

Sobre todos estos temas trató el ponente, que ha centrado su investigación en la caracterización de la cuenca fluvial de Licus Vallis, un antiguo cauce, y en la búsqueda de evidencias de un antiguo mar en la región de Nepenthes Mensae, ambas regiones situadas en el ecuador del planeta, próximas al cráter Gale, donde se encuentra el robot Curiosity de la NASA.

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Después de la charla se abrió el turno de preguntas para los asistentes. Se trataron temas de lo más diversos: la viabilidad de la vida humana en Marte a medio-largo plazo, las principales trabas para que ello ocurra (la baja presión atmosférica, la elevada radiación, la baja gravedad o las gélidas temperaturas) o incluso la posibilidad de que ya se tengan evidencias de vida pasada y presente en nuestro planeta vecino.

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