‘GYPWORLD’, un proyecto global para entender mejor los ecosistemas de yeso

El proyecto de investigación Gypworld: A global initiative to understand gypsum ecosystem ecology’ ha comenzado su andadura tras la reunión de lanzamiento en Bruselas el pasado enero. Se trata de una iniciativa global, liderada por el Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC (con sede en Zaragoza y Jaca) y enmarcada dentro del programa europeo de investigación Horizonte 2020 (acciones MSCA-RISE), que reúne por primera vez a cuatro continentes para el estudio de los ecosistemas de yeso.

Un total de 18 instituciones de 11 países distintos (España, Portugal, Italia, Chipre, Turquía, Irán, Estados Unidos, México, Chile, Argentina y Australia) participarán en este proyecto, que se extenderá hasta 2021 y está dotado con 724.000€ de fondos de la Unión Europea. Además del IPE-CSIC, centro coordinador, la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y la Universidad de Almería completan la presencia española.

Hasta el momento, el estudio de los suelos de yeso se ha llevado a cabo de forma aislada en algunas de las zonas donde se disponen, especialmente en España. “La investigación en este tipo de ambientes ha avanzado mucho en los últimos años en la Península Ibérica. No obstante, los suelos de yesos aparecen a escala planetaria y la mayoría están prácticamente inexplorados. Queremos conocer qué plantas crecen en estos sistemas, qué significa vivir en el yeso para ellas, cómo han aprendido a hacerlo y a qué amenazas se enfrentan”, explica Sara Palacio, investigadora postdoctoral zaragozana del IPE-CSIC que lidera este proyecto.

El enfoque global es imprescindible para encontrar respuestas que permitan avanzar en este campo del conocimiento y el objetivo ahora es saber si los mecanismos y procesos que rigen algunos de los ecosistemas yesosos del mundo sirven para todos los demás. “Nuestro estudio busca identificar procesos globales que son propios de estos suelos, independientemente del origen florístico y las condiciones climáticas de las distintas regiones en las que aparecen”, añade Palacio.

Estos ecosistemas pueden encontrarse en las regiones más secas del planeta, como el desierto de Atacama, el desierto de Lut o el Namib. Por tanto, los organismos que viven en este tipo de ambientes tienen poca agua. Además, los yesos tienen en común una serie de características físicas y químicas que los convierten en muy limitantes para albergar vida vegetal. “Lo que sin duda cambia de una región a otra es el tipo de organismos que crecen allí, su origen evolutivo y, en muchas ocasiones, el clima al que están expuestos. Por ejemplo, en los yesos de España tenemos clima mediterráneo mientras que en los del desierto de Chihuahua (EEUU-México) el clima es monzónico y las lluvias coinciden con la época de más calor: en agosto”, ilustra Sara Palacio.

Para cumplir su objetivo, ‘Gypworld’ se desarrollará en bloques de trabajo multidisciplinares. Por un lado, se realizarán expediciones que permitirán caracterizar la diversidad de plantas y líquenes de estos ambientes y se llevarán a cabo estudios filogenéticos moleculares que ahondarán en el origen y evolución de las especies gipsófilas (de suelos de yeso). Por otra parte, los análisis fisiológicos permitirán entender los mecanismos de adaptación de la vegetación a estos entornos tan hostiles para la vida.

Observando el cambio global

Los resultados de ‘Gypworld’ también permitirán medir el alcance del cambio global sobre este tipo de ecosistemas: no solo el impacto del cambio climático, sino también de los cambios de uso del territorio por parte del hombre.

El desarrollo de la agricultura, las infraestructuras urbanas o la expansión de la minería, entre otros, suponen una grave amenaza para la conservación de estos sistemas. En España existen datos de cómo la fragmentación de los hábitats de yeso hace que las poblaciones de las plantas exclusivas de este tipo de suelos sean cada vez más débiles y vulnerables frente al cambio climático. “Pero quizás lo más peligroso es la percepción que tenemos de estos ecosistemas como “secarrales degradados” que no tienen nada que ofrecer. Por eso no nos preocupa destruirlos desmesuradamente. Una de las principales tareas de ‘Gypworld’ es explicar a las personas que habitan en estos sistemas el enorme valor que tienen: son auténticos reductos de biodiversidad donde las plantas han desarrollado mecanismos fascinantes para sobrevivir. Urge tomar conciencia del enorme valor ecológico de los aljezares para poder protegerlos a nivel mundial”, concluye Sara Palacio.

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